Destruyen los mitos los empresarios universitarios
domingo, 18 de mayo
de 2003
Por Marian Diaz
End.mdiaz1@elnuevodia.com
De El Nuevo Día
José
Gabriel Cordero, propietario de El Verdor.
(Archivo / Juan Alicea)
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SE
EQUIVOCA
si cree que un pequeño negocio, por su tamaño, y porque su
dueño sea un recién graduado o alguien que tal vez aún no
termina su carrera universitaria, no puede ser un negocio
próspero y en crecimiento.
De igual
forma está errado si piensa que la mayoría de los estudiantes
que montan su propia empresa abandonan sus estudios y no se
gradúan por dedicarse a atenderla.
Las estadísticas
de los finalistas que han participado del Premio Exito Empresarial
Universitario en años anteriores demuestran que la mayoría
de estos jóvenes empresarios lograron graduarse o aún están
estudiando. Unos 38 finalistas, de un total de 54, participaron
de la encuesta. De ésos, el 84% contestó que terminó sus estudios
o permanece todavía en la universidad.
Y más
alentador aún es saber que el 87% de los que participaron
continúan con sus negocios. De éstos, casi dos terceras partes
registraron alzas en ventas (una cuarta parte de ellos de
un 50% o más), y más de la mitad aumentó su fuerza laboral.
Esto pese
a que el 2002, al igual que el 2001, han sido años difíciles
para nuestra economía, y que muchas empresas, tanto grandes
como pequeñas, han cesanteado empleados, e incluso algunas
se han visto obligadas a cesar operaciones.
Evolución
constante
Lester
Marín y Angel Santiago, propietarios de Encantos de Puerto
Rico y participantes de la primera edición en el 2000, son
dos de los empresarios que continúan con su empresa. Lester
estudió Mercadeo en el Recinto Universitario de Mayagüez y
Angel ingeniería mecánica. Mientras estudiaban comenzaron
el negocio de preparar canastas de higüera con dulces típicos
y café gourmet, bajo el nombre de Encantos de Puerto Rico.
Hoy la
empresa ha evolucionado, y ya no confecciona canastas, sino
que se especializa en la elaboración de café puertorriqueño
de óptima calidad.
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| Angel
Santiago y Lester Marín, dueños de Encantos de Puerto
Rico. Foto Ricardo L. Ramírez Buxeda |
En entrevista
con Negocios del Domingo, Angel indicó que la idea de redefinir
el concepto del negocio surgió porque la mayoría de sus clientes
reordenaba café. Ellos vieron ahí una buena oportunidad de
negocios. Pero para ello, necesitaban hacer una inversión
de $120,000 para adquirir la maquinaria y los equipos que
usarían en el proceso de tueste, molido y empaque.
Prepararon una propuesta financiera
y la presentaron a cuatro de los principales bancos del país, y ninguno quiso
apoyarlos. "Los visitamos como siete veces. El plan de negocios tenía más de
100 páginas y la excusa común que nos daban era que no teníamos colateral",
narró el joven ingeniero.
Los socios de Encantos de Puerto
Rico no se dieron por vencidos. "Jamás nos dio por salirnos de esto, siempre
supimos que sería el café, pero teníamos que buscarle la vuelta", expresó. Un
buen día un italo-americano amigo de la familia, que había oído de esta empresa,
les pidió que le hablaran del concepto que querían desarrollar y, al evaluar
la propuesta, la misma que le habían presentado a los bancos, les ofreció el
dinero que necesitaban, y hasta más, a cambio de tener una participación en
dicho negocio.
Adquirieron la maquinaria en Europa
con la última tecnología disponible en ese ramo. Empezaron a seleccionar los
mejores granos de café de las principales regiones cafetaleras del país, producto
que pagan a buen precio para asegurarse de que obtienen una materia prima superior.
De ahí, el grano pasa a la torrefacción, ubicada en la avenida Roosevelt en
Hato Rey, donde se procesa y empaca.
Su socio Lester explicó que existe
gran demanda por el café especial, que es el de alta calidad. La empresa elabora
dos variedades: el Encanto Espresso y Encantos Platino, el primero es más fuerte
que el segundo, los que distribuyen a restaurantes y negocios en la Isla. Ofrece
también servicios de calibración de las coladoras, adiestramientos a los operadores
de esas máquinas y distribuyen expendedoras de café a través de toda la Isla.
Recientemente, exhibieron sus productos
en la convención anual de la Specialty Coffee Association of America, y ya han
comenzado a exportar la mercancía a varios coffee shops en Nueva York y a otros
negocios ubicados en los mercados hispanos de Estados Unidos.
Crecen El Verdor
y RCAM Computers
Otro negocio que continúa en crecimiento
es el de José Gabriel Cordero, quien fue el ganador del Premio en el 2000. El
año pasado, él adquirió a su competidor, Tropical Fertilizer, en Toa Baja, y
ahora dicho negocio es el que distribuye los productos El Verdor.
Las ventas alcanzaron los $5.5 millones
en el 2002 y el reto mayor para este joven empresario fue lidiar con el crecimiento
tan grande de su empresa. La misma emplea a 44 personas. Cerró la planta de
Camuy para ser más eficiente y poder concentrar toda su producción en un solo
local. Para el 2003 estima un crecimiento de un 17% y confía en aumentar aún
más sus exportaciones.
José Gabriel recibió el premio Emerging
Entrepreneur of the Year 2002 que otorga la firma Ernst & Young, y este
año, en Agrópolis 2003, recibió de la Asociación de Agricultores el premio de
"Empresa Símbolo" de esa industria.
Roberto Carlos Arzola, dueño de RCAM
Computers en Ponce, y ganador del 2002, logró comprar el edificio donde ubica
ahora su negocio y registró ventas de $263,000, un incremento de un 32% con
relación al año anterior. Continúa estudiando y se gradúa ahora con un promedio
excelente.
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Juan
Carlos Cintrón, presidente de Servicios Sanitarios
del Centro. Foto Archivo / Ricardo L. Ramírez Buxeda |
Mientras, Juan Carlos Cintrón, presidente
de Servicios Sanitarios del Centro, terminó su bachillerato y su negocio ha
crecido en los últimos 12 meses. Ahora tiene cuatro camiones y está en vía de
adquirir otro, consiguió 16 nuevos contratos y ha contratado tres nuevos empleados.
Juan Carlos continúa también con sus negocios de "Holly's Pizza" y "Area Recreativa
La Ceiba", al que le añadió un parador con siete habitaciones que opera desde
junio del 2002.
Otros jóvenes empresarios, tal y
como les sucede a otros dueños de negocio más experimentados, enfrentaron situaciones
difíciles el año pasado, y optaron por liquidar sus empresas en lo que llegan
tiempos mejores. Ése fue el caso de Lizibeth Nieves, ganadora el premio en el
2001, quien cerró su negocio en el 2002. Ella concluyó su bachillerato, está
trabajando en una empresa privada y planifica comenzar su maestría en Relaciones
Laborales en agosto. [N]
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