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CUANDO LLUEVEN LAS DIFICULTADES
Los finalistas enfrentan retos empresariales mientras cursan una carrera univarsitaria
Por Marian Díaz
mdiaz1@elnuevodia.com

Si difícil es mantener un negocio en tiempos de recesión, lo es mucho más cuando el dueño es una persona joven y tiene también la responsabilidad de estudiar a tiempo completo en la universidad.

Parece una tarea de titanes, ¿verdad? Pues de veras lo es. Imagínese tener que lidiar, por un lado, con el financiamiento, los clientes y la economía, y por el otro con los exámenes, las asignaciones y los proyectos escolares. A esa ardua tarea se enfrentan a diario decenas de jóvenes empresarios en Puerto Rico. Diecinueve de ellos participaron este año de la décima edición del Premio Éxito Empresarial Universitario.

Negocios comparte con ustedes las historias de algunos para que conozcan qué los motivó a montar su propio negocio siendo todavía universitarios, cómo enfrentan los retos diarios y cuáles son sus proyectos de cara el futuro

."Mi sueño es ser CPA y tener un doctorado en economía", dice sin titubear Ricardo Correa, propietario del restaurante Yanny's Cafe en la avenida Eleanor Roosevelt en Hato Rey. El joven empresario estudia Contabilidad en la Universidad Interamericana-Recinto Metro y desde hace un año estableció el restaurante, especializado en comida criolla.

Sueños y sazón criolla
Comentó que tener un restaurante era la ilusión de su esposa, Yanira, desde muy niña, quien con "su sabrosa sazón me recordaba las habichuelas de abuelita".

Con el objetivo de generar ingresos para el sustento de su matrimonio, Correa comenzó entregando comidas en el área de oficinas de Hato Rey en el 2007. Preparó hojas sueltas anunciando menús de almuerzo; su esposa preparaba las comidas en la cocina de sus padres y él las entregaba. Al presente, tiene 30 clientes corporativos y todos los lunes aún camina por Hato Rey repartiendo las hojas con el menú "y aprovecho para hacer relaciones con nuevos clientes".

El año pasado abrió Yanny's Cafe, que acomoda a 45 comensales y emplea a siete personas a tiempo completo. Ofrece jazz en vivo los jueves y los viernes karaoke. Los turistas son
asiduos comensales los jueves, ya que el restaurante les ofrece un paquete que incluye transportación ida y vuelta de los hoteles al restaurante, cena típica y música de jazz latino en vivo.

Correa ofrece, además, servicio de catering. Recientemente, preparó las comidas para el Mundial de Natación de Escuelas Superiores que se celebró en la Isla y que requirió alimentación para 200 personas.

Caer y levantarse
Pero no todo ha sido color de rosa en la vida del futuro CPA. En su adolescencia, señala que cometió errores y a la edad de 22 años tuvo su encuentro con la justicia. Relata que para aquel entonces, tenía dinero, propiedades "y suficiente dinero para vivir bien, pero no era feliz". Su pequeña hija fue, en parte, la inspiración para transformar su vida y tomar el camino recto.

Cuando terminó de cumplir su deuda con la sociedad, Correa reinició sus estudios y trabajó en la construcción hasta que decidió que usaría sus dotes empresariales en algo positivo para él y su familia. Fue ahí que surgió la idea de establecer el negocio de comidas criollas y su meta es convertirla en una cadena de restaurantes.

Pasión convertida en negocio
A otros jóvenes, el espíritu empresarial se lo inspiró la comunidad en la que crecieron. Ése es el caso de Melba Ayala, presidenta de Excursiones ECO, microempresa que ofrece recorridos guiados -acuáticos y terrestres- por los hermosos parajes naturales del estuario de la bahía de San Juan.

La líder comunitaria se ha adiestrado con el Sierra Club, el Fideicomiso de Conservación y con la Compañía de Turismo, además de haber tomado talleres sobre incubadoras de negocio.

"Me apasiona como empresaria dar a conocer mi comunidad, a través de un medio divertido como son los recorridos guiados -acuáticos y terrestres- por los hermosos parajes naturales del estuario de la bahía de San Juan.

La también estudiante de tercer año de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Puerto Rico, en Río Piedras, ha enfrentado varios retos como empresaria. Uno de ellos lo vivió al intentar incorporar su empresa, pues todavía le faltaban algunos meses para cumplir la mayoría de edad -21 años- exigida por ley para inscribir una corporación.

Salvado ese escollo, y tratando de mantener siempre el balance entre el tiempo que le dedica al estudio y a la empresa, ha tenido que lidiar con la escasez de cubiertas de seguro disponibles en el mercado para el tipo de servicio que ofrece.

"Los recorridos que hacemos caen en las actividades que no tienen aseguradores en Puerto Rico. Además, por la naturaleza de la actividad, el seguro tiende a ser costoso. Recientemente, encontré una cubierta que me va a permitir aumentar la cantidad de viajes que hago al mes y que va a protegerme a mí y a la empresa de accidentes", explica Ayala.

Sus metas son altas. Proyecta a mediano plazo ofrecer recorridos diarios de ocho personas, contar con una guagua de pasajeros con capacidad para 17 personas y un bote de pesca de 20 pies que opere con energía solar.

Para ese entonces, espera tener lista una página web y crear una casa productora que genere material educativo para distribuir en actividades relacionadas con la naturaleza o las comunidades.

'Hay que respirar profundo'
A Lourdes de Jesús Rodríguez, propietaria de Loumuá Spa en Bayamón, dirigido a proveer cuidados a la piel de todos en la familia -mamá, papá e hijos-, los retos diarios no le han minado sus deseos de culminar su carrera universitaria, ni mucho menos abandonar su
pasión por la estética. Entre los sinsabores que ha vivido la estudiante de Administración de Empresas del National College en Bayamón, están el vandalismo de la puerta del negocio en tres ocasiones, el hurto de cobre de las tuberías de agua, así como el robo de la cámara de
seguridad que instaló para protegerse de las fechorías. Y para colmo, tuvo un accidente vehicular hace dos años que la obligó a recibir terapia física.

"Uno como comerciante se siente impotente, pero respiro profundo y, aunque sea cuesta arriba, se sobrevive a ellos", manifiesta con tenacidad y aires de positivismo. A mediano plazo, Lourdes se visualiza terminando su bachillerato y con un local propio con estacionamiento.

Por su parte, Raymond Rodríguez, de Father and Son Barber Shop en la avenida Comerío en Bayamón, inició su negocio en el 2007 mientras estudiaba Administración de Empresas en la Universidad Interamericana de esa ciudad. Proviene de una familia de estilistas y barberos licenciados, y por eso creó esta pequeña empresa que incorpora a la familia en un empleo propio.

Aunque el joven reconoce que la situación económica ha afectado a sus clientes y al país, ve el potencial que tiene Father and Son de llevar su negocio a toda la Isla.

Para ello, se ha ideado la barbería móvil, que consiste de unidades rodantes rotuladas con el nombre y logo de la empresa familiar, que llevará a hospitales, complejos recreativos y actividades dirigidas principalmente a los niños, ya que ése es uno de los nichos de su barbería. El vehículo, además de estar equipado con todo lo necesario para realizar los cortes y el arreglo del cabello, servirá como herramienta de mercadeo para atraer más clientela a Father and Son.

 

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