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TRIUNFO DESDE LA GONDOLA
Por: Marian Díaz

GABRIEL DE JESÚS se alza como ganador en la décima edición de Éxito Empresarial
Universitario, tras hacer realidad su sueño de infancia


¿ Qué quieres ser cuando seas grande?, le preguntó la maestra de tercer grado a Gabriel de
Jesús. El niño, de apenas 8 años no contestó policía o bombero, como suelen decir los niños
de esa edad. Su mayor anhelo era ser dueño de un supermercado. Dos años después,
comenzó a hacer su sueño realidad. Montó un negocio de dulces a los 10 años, lo que en
cierta medida, preparó el terreno para que luego en la adolescencia adquiriera un pequeño
colmado.

Desde hace tres años, De Jesús es el orgulloso propietario de Popeye's Supermarket en el
barrio Cacao de su natal Quebradillas. Hoy día, Gabriel, de 25 años, se alza con el Premio
Éxito Empresarial Universitario 2009, que otorga el International Entrepreneurship Institute
con el auspicio de la revista Negocios de El Nuevo Día. Esto tras competir con otros 18
jóvenes que también son dueños de sus propios negocios y estudian una carrera
universitaria en una institución educativa acreditada.

Los jueces que seleccionaron a Gabriel destacaron, entre otros atributos, su espíritu y
acción emprendedora. Destacaron además, el balance que ha demostrado este joven para
atender sus responsabilidades de esposo, padre, dueño de negocio y estudiante, sin relegar
su compromiso con la comunidad que lo vio crecer.

Las ventas de Popeye’s sobrepasaron los $845,000 en el último año fiscal. Emplea a 14
personas, la mayoría de ellas a tiempo parcial. Y abre los siete días, desde 6:00 a.m. hasta
las 11:00 p.m. El nombre del negocio, dijo Gabriel, “es en honor a mi abuelo, al que todos
en el pueblo conocían por ese apodo”.

¿Siendo tan joven, cuál es tu motivación de incursionar en el mundo empresarial? “Lo veo
como un medio de superarme y en el futuro, cuando sea viejito, estar mejor
económicamente”, responde a priori el estudiante de Administración de Empresas del ICPR
Junior College de Arecibo.

Empresario precoz
Al indagar en más detalles, explica que cuando niño le disgustaba que lo mandaran. Por
eso, invirtió $40 en su primer negocio para ser su propio jefe. Tenía sólo 10 años y el dinero
lo había ganado ayudando a su papá, quien administraba la cantina de los juegos del equipo
de los Piratas.

“El dinero lo tenía guardado para ir a Disney. El primer día vendí $4.55, estaba un poco
frustrado, pero seguí y llegué a vender más de $100 por juego. Después añadí popcorn y
nachos con queso. Vendía tanto que tuve que buscar tres amigos para que me ayudaran”,
relata entusiasmado sobre su primera incursión empresarial. Ese negocio lo tuvo durante
cuatro años.

Gabriel, al igual que sus hermanos, ha trabajado desde pequeño. Al convertirse en
adolescente, trabajó en la fábrica de hielo propiedad de su padre, Luis de Jesús, mientras
estudiaba en la secundaria.

Pero se repitió la historia: “no me gustaba que me mandaran ni me dijeran lo que tenía que
hacer”. Entonces, le sugirió a su papá que le financiara los $10,000 que costaba un colmado
que le vendían en el barrio donde vivía su novia, y hoy esposa, Inés Pérez.

“Yo le di los chavos con la condición de que se graduara de universidad”, dijo don Luis de
Jesús en entrevista telefónica con Negocios, desconociendo en ese momento que su hijo era
el ganador del Premio este año.

Pero en aquel momento, Gabriel no pudo complacerlo. Le dedicaba tantas horas al colmado,
que apenas le sobraban fuerzas para concentrarse en los estudios. “Desde chiquito me
demostraba que era el más agresivo para los negocios”, contó su progenitor al recordar
cómo lo veía fajarse a diario atendiendo a la clientela y tratando de sacar el colmado hacia
adelante.

Gabriel llegaba al colmado a las 9:00 a.m. y lo cerraba a las 10:00 p.m. Trabajaba mucho y
como resultado ganaba buen dinero. “Pensaba que con el dinero que generaba podía vivir
toda la vida y por eso cometí el error de darme de baja de la universidad”, reflexiona el
joven.

Volver a empezar
Pero un buen día, se acabó el negocio. “Para mi sorpresa, luego de cuatro años de operar el
colmado, el dueño del edifico no me quiso renovar el contrato”, dijo Gabriel, que para aquel
entonces tenía 21 años.

Aunque se desanimó, pronto le surgió la oportunidad de convertir su sueño en realidad. Una
tarde entró al supermercado que está cerca de su casa y el dueño le salió a vender el
negocio. “Me pareció buena idea, pero lo veía como un imposible porque costaba mucho
dinero”.

Lo consultó con su papá, y lejos de rechazar la idea, don Luis le dijo que debían evaluar la
oferta. Lo ayudó con el financiamiento y al poco tiempo el joven se convirtió en el
propietario de Popeye’s Supermarket.

El primer día vendió $160 y pensó que iba bien; pero a fin de mes llegaron las facturas de
$3,800 de electricidad y la del préstamo de casi $5,000, y se asustó. Su padre le aconsejó
trabajar más duro, y él puso manos a la obra.

Extendió el horario, habló con los clientes para que le aconsejaran cómo mejorar el servicio,
amplió el local y contrató una guagua de sonido que iba promocionando el supermercado
por los barrios. Y para competir de tú a tú con otros supermercados, preparó shoppers que
él mismo repartía de madrugada por los barrios aledaños.

Además, junto a un empleado arregló las góndolas, pues no tenía dinero para comprar unas
nuevas. La tarea le tomó cuatro meses, en los que apenas descansaba cinco horas diarias.
“Nos quedaron como nuevas, sin gastar los $50,000 que no tenía”.

De regreso a la academia
El año pasado decidió regresar a la Universidad para estudiar su grado asociado en
gerencia. Trabaja de día en el supermercado y estudia de noche. Repasa las tareas de sus
clases por las mañanas o cuando no tiene muchos clientes en la tienda. Su esposa, quien es
enfermera, lo apoya en todo. Y su hija Mariana, de un añito y medio, es su inspiración.

La profesora Velia Rodríguez, quien le dio Español, destaca la disciplina del galardonado, a
quien describió como puntual y un estudiante con notas sobresalientes.

Haciendo más con menos
Como todo empresario, Gabriel ha tenido que lidiar con los altos costos de los alimentos y
del combustible, y hacer ajustes. Para ahorrar electricidad, el año pasado eliminó cinco
neveras de una puerta y las sustituyó por una que tiene cinco puertas. “Ocupa el mismo
espacio, pero en vez de tener cinco motores usando energía, tengo uno solo haciendo esa
función”.

La tecnología es un recurso en el manejo del negocio. El joven invirtió en un sistema de
escáner computarizado y en un sistema de cámaras que le permite monitorear el negocio
desde cualquier parte del mundo.

Popeye’s Supermarket auspicia varias actividades cívicas y deportivas en el pueblo de
Quebradillas y anualmente celebra una fiesta de Navidad para los clientes, a la que asisten
1,500 personas y en la que han participado los cantautores Nito Méndez y Alfonso Vélez. Y
no han faltado los lechones asados a la varita y una caravana con Santa Claus y Popeye
repartiendo dulces. También le lleva golosinas y regalos, junto a los insignes personajes a
un hogar de niños maltratados en la época navideña.

Gabriel no descarta formar parte, en un futuro, de una cadena de supermercados
independientes, añadir máquinas para lotería electrónica y ser participante del programa de
Plan WIC. Planifica, además, extender un área para alimento y productos para mascotas.
Y pese a que su padre don Luis reconoce que hubiese preferido que, en vez de comerciante,
su hijo “fuera médico o ingeniero, para que no tuviera que luchar tanto”, manifiesta su
orgullo al ver que su vástago ha hecho realidad la meta que tuvo desde niño. Y él está más
que feliz, pues Gabriel ha regresado a la Universidad.

 

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